viernes, 7 de noviembre de 2008

Estaba prohibido...

Aquí me sentaba cuando nos estaba prohibido. Tú no estabas, pero sé que querías estar. Aún en la distancia, tus palabras eran cercanas.

El alboroto de los niños se mezclaba con tus latidos. El olor a otoño se diluía en tu cuello y el sabor… el sabor desconocido de tus labios desaparecía en la hojarasca.

Aquí me sentaba tarde tras tarde, a escondidas, para que nadie nos viera. Escondiéndonos entre el frío metal del banco. Tú no estabas conmigo, pero te sentía allí, sentía tus brazos rodeándome.

Aquí me sentaba cuando nos estaba prohibido estar juntos. Prohibición que nosotros mismos nos impusimos. Prohibición que yo impuse.

Ahora el banco está solo, nadie se ha vuelto a sentar, yo tampoco… Hoy he pasado por allí, cuando ya todo se había perdido.

Quise sentarme pero algo me dijo que no… ¿Para qué? Ahora toca olvidar, dejar atrás las absurdas prohibiciones y aprender de ellas.

Ahora toca olvidar el banco donde me sentaba cuando nos estaba prohibido, al banco… a ti no. No creo que pueda.

2 comentarios:

Menelwen dijo...

El banco donde te sentabas cuando estaba prohibido... me inspira tanto ternura como fetichismo y relaciones prohibidas. Me gusta ^^.

Alguien que pasaba por aquí dijo...

El ser humano siempre está tomando decisiones. A veces toma la decisión equivocada y se arrepiente por haber perdido algo, pero, lo vivido, lo sentido siempre queda en nosotros.

Creo haber vivido más o menos la misma situación que describes en este texto.

Y doy gracias por haber sido capaz de ser inmensamente feliz tan sólo por sentarme en un banco y soñar con lo que, por mi propia decisión, no podía tener. Porque todo eso que sentí nadie pudo prohibírmelo. Ni siquiera yo mismo.